Al calor del estreno en cines de Gladiator II, y quizás como antídoto a lo que vemos en la película, Néstor F. Marqués y yo mismo hemos recreado en 3D el área del Coliseo, otros espacios de espectáculos de Roma y hasta un combate (históricamente preciso) entre dos gladiadores. Os lo contamos en esta entrada.
La nueva película de Ridley Scott puede ser visualmente impresionante pero no muestra ningún combate realista de gladiadores. Tampoco nos muestra una recreación realista de Roma. Todo es, por supuesto, ficción y espectáculo. El rigor -por mucho que diga el propio Ridley- está ausente. Por poner solo un ejemplo de bulto: el Coliseo no se encontraba sobre una colina sino, al contrario, en una hondonada (y eso, de hecho, permitió que en algunas, pocas, ocasiones se llevaran a cabo en él naumaquias, eso sí, nunca en la época que refleja la película).

Meses antes del estreno de Gladiator II, sin embargo, Néstor y yo recreamos al detalle la ciudad de Roma para el libro «La Roma de Constantino«: ¿por qué no intentar mostrar cómo fue realmente la zona del Coliseo y cómo pudieron ser unos juegos gladiatorios en este impresionante edificio?
Para ello, viajamos siglos antes al año 96, en tiempos de Domiciano, y recreamos esta vista aérea del área del Coliseo en un día de juegos.

Aquí os marcamos cada uno de los edificios más importantes de la zona. En ella no solo se encontraba el Anfiteatro de los Césares (llamado, más adelante, Coliseo) sino también varios ludi (escuelas o cuarteles de gladiadores), las termas de Tito, la Domus Áurea, la Meta Sudans.

Pero también quisimos entrar al interior del anfiteatro y disponernos en la zona más alta, el maenianum summum in ligneis, un área con gradas de madera reservada a mujeres, no ciudadanos y esclavos. Desde estos puntos de vista, en esta misma sección, la más alta del Coliseo, podéis tener la sensación de cómo sería visitar un día de juegos en el anfiteatro más grande del mundo romano.
Hemos recreado, también, la inscripción inaugural del Coliseo: «El emperador Tito César Vespasiano Augusto mandó que se construyera con el botín de guerra el Anfiteatro Nuevo«. Y es que éste fue el nombre que se dio al anfiteatro en su inauguración.

Pero, ¿por qué no recrear también dos de los tipos de gladiadores más famosos y, de ese modo, ayudar también a desterrar algunos mitos sobre estos luchadores del mundo antiguo? Me puse manos a la obra. En primer lugar recreé un secutor: dispuesto de su yelmo característico, un gran escudo, espada corta, ocrea en la pierna izquierda, que se mantiene siempre adelantada, y manica de lana atada con fasciae de cuero.

El secutor (o perseguidor) luchaba a menudo contra el retiarius, el gladiador que más pasiones despertaba entre los romanos. Sin yelmo, dispone de una red, un tridente como armas ofensivas. Se trataba, al contrario del secutor, de un gladiador rápido y ágil.

Además, el retiarius disponía de un galerus u hombrera, frecuentemente decorada con motivos marinos, que protegía su hombro izquierdo y su cuello. Para la recreación del retiarius me he inspirado en este mosaico del Granet Museum en Aix en Provence y en este galerus pompeyano conservado en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.


No podía resistirme a recrear un combate entre ellos. El retiarius, rápido y ágil, intenta lanzar con la mano derecha la red al secutor mientras le hostiga con el tridente. El secutor, más pesado y defensivo, se protege con su gran escudo mientras busca el hueco para asestar golpes que acaben con las defensas del retiarius. El secutor busca que el combate acabe rápido, persiguiendo e intentando derrotar a su contrincante mientras evita la red de su oponente.






Gracias a las fuentes histórico-arqueológicas sabemos que, además, existían varios árbitros que, en todo momento, controlaban el combate, que estaba perfectamente reglado. Así se muestra, por ejemplo, en este mosaico del Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Saliendo de la arena, hemos recreado esta caupona, que nos habla de todo lo que rodeaba a los juegos gladiatorios: comida y bebida, adquisición de fichas de acceso, ocio de distinto tipo, etc.

Y como los juegos no se limitaban al anfiteatro, recreamos el área del Circo Massimo durante una de las carreras que tuvieron lugar en él. Parte de la estructura se encontraba en obras en el año 96 d.C. en el que ambientamos la reconstrucción, y así la hemos representado.

El ocio, el deporte y la cultura en la antigua ciudad de Roma continuaban más allá, también en el Campo de Marte, donde se levantaban edificios como el Teatro de Pompeyo, el Odeón y el Estadio de Domiciano, y que representamos en esta vista de la zona.

Más allá de los cuadros de Jean-Leon Gerome que han configurado nuestra visión romántica -e incorrecta- de los juegos de gladiadores en el mundo romano y que, a su vez, cimentan su representación en el cine, puede mostrarse con rigor qué sabemos de la realidad histórica.


Ésta es la aportación del nuevo libro de Néstor F. Marqués, «Gladiadores«, publicado con Editorial Espasa, que tenéis en las librerías desde hoy mismo, y con el que viajamos, justamente, a unos días muy concretos de juegos en la Roma del año 96, bajo el reinado de Domiciano. Parte de las reconstrucciones de este hilo podréis encontrarlas también en él y os permitirán imaginar mejor el viaje al pasado que, de forma tremendamente novedosa e imaginativa, nos propone Néstor. ¡No os lo perdáis!


