21.02.2014

Reconstrucciones virtuales, ¿quién se debe ocupar de realizarlas?

#arqueología virtual #reconstrucción #reflexión
Hace pocos días, a raíz de los últimos trabajos que estoy haciendo y que fundamentalmente van encaminados a coger soltura en la ejecución de la técnica de reconstrucción facial en 3D, se generó un debate en uno de los grupos de Facebook que me parece interesante recuperar aquí. Nos empezamos a preguntar si realmente tenemos derecho los que nos dedicamos a la virtualización del patrimonio a reconstruir por doquier todo nuestro pasado. ¿Quienes somos para reconstruir un rostro? ¿No debería hacer eso un antropólogo? ¿Quienes para reconstruir un edificio? ¿No debería hacerlo un arquitecto?

Perdonad por el tamaño del artículo -nuestras ajetreadas vidas no nos dejan, en ocasiones, enfrentarnos con textos que a nuestros padres se les antojarían minúsculos- pero es de recibo que si en este blog dedico un espacio a la crítica, invierta el doble en la autocrítica.

Fotomontaje de la reconstrucción facial de
Hipótesis de reconstrucción virtual de una puerta medieval de Guadalajara hecha a partir de estudios históricos, histórico-artísticos y arqueológicos.

Cuando nos enfrentamos a un trabajo tan sumamente delicado como una reconstrucción fácil la dificultad se multiplica, puesto que el bagaje que tenemos como arqueólogos o historiadores al enfrentarnos a edificios, en el caso de la anatomía forense no existe. ¿Queda en este caso la labor del virtualizador en el terreno del técnico que únicamente debe seguir las directrices marcadas por el especialista? Probablemente. Igual que al enfrentarnos a la restitución de un edificio el arquitecto es el apoyo técnico ante esta labor que en muchas ocasiones capitanea el propio virtualizador especializado en Patrimonio Cultural. Siendo la anatomía forense un campo que en principio nos resulta realmente ajeno debemos tomar conciencia de nuestro papel y posibilidades

Precisamente, cuando hablamos de equipo o trabajo multidisciplinar estamos hablando de eso, no solo de la composición en sí del equipo, sino de un reparto del trabajo entre los distintos profesionales que forman dicho equipo. En manos del coordinador de ese grupo de trabajo queda determinar el porcentaje de intervención o el papel de cada uno de esos especialistas en la consecución del resultado final.»

Ante estas palabras sólo puedo reconocer con humildad que los virtualizadores del patrimonio (no sé si alguna vez llegaré a acostumbrarme a tal título) debemos apostar siempre que sea posible por este trabajo en equipo colaborativo que nos permita desarrollar reconstrucciones virtuales lo más fieles a la realidad histórica. ¿Cómo podemos llegar a saber realmente qué diablos debemos reconstruir si no tenemos contacto con un amplio elenco de profesionales? Esto no es nada nuevo, es un debate que, en especial, se encargan de impulsar con fuerza desde la SEAV (Sociedad Española de Arqueología Virtual) y que, en efecto, debería constituir el centro de todas las reconstrucciones virtuales: contar con un paleobiólogo para que nos diga exactamente la forma que tenían determinados árboles o qué madera se debió usar en la techumbre de determinado edificio; colaborar con un geólogo que nos indique con precisión las características de la zona a reconstruir en determinado siglo; incluso con ingenieros que nos demuestren que determinados mecanismos debían ser así y no de otra manera. Pero, ¿es esto siempre posible? Con rotundidad habría que responder que no.

En la mayoría de proyectos de virtualización -y arqueológicos, no lo olvidemos- no se cuenta con un presupuesto desorbitado que permita pagar un sueldo a una veintena de personas para reconstruir un edificio y aquí entra nuestra figura: la de aquel que, conociendo las tecnologías y herramientas de virtualización, consulta profesionales, expertos, artículos y libros de cada uno de los frentes abiertos para reconstruir con la máxima fidelidad histórica aquello que tiene entre manos.

El conocimiento de las herramientas disponibles y cómo hacer que estas funcionen de puente con el Patrimonio es lo que, finalmente, conduce al éxito de estos proyectos.

Por eso creo que tampoco hay que tener miedo a realizar reconstrucciones virtuales atrevidas siempre y cuando se haya llevado a cabo un trabajo honesto, basado en una investigación previa y siempre que sea honesta también la presentación de los mismos: es necesario hacer hincapié en el tipo de hipótesis que estamos mostrando y, probablemente, en su grado de fiabilidad histórica. A raíz de esto, se ha propuesto en ocasiones establecer porcentajes de fiabilidad al lado de cada reconstrucción virtual («80% de fidelidad histórica») o incluso un sistema de colores que vaya de menos a más fidelidad (De «azul – altas dosis de imaginación» a «verde – alto grado de rigor histórico»), pero quizás sea llevar el asunto a un extremo un tanto exagerado.

Lo importante, en mi opinión, es que sea un trabajo de repensar, de ida y vuelta, de mostrar ciertos resultados y, poco a poco, ir afinando las hipótesis, tal y como debería ser toda investigación arqueológica. En este sentido se muestra muy ilustrativa Una imagen muy ilustrativa del blog de Balawat donde se muestran anotaciones sobre una reconstrucción virtual sobre las modificaciones que deben realizarse en ella.

Es importante, además, que no olvidemos una cosa: al igual que una investigación histórica, una reconstrucción virtual nunca está terminada, siempre puede ser repensada, refinada y completada. Y nosotros debemos estar abiertos a ello, por eso es tan importante que publiquemos cómo hemos realizado una determinada reconstrucción y en qué nos hemos basado, pues sólo eso mostrará la base histórica de las mismas, sus puntos fuertes y débiles, a posteriores investigadores que podrán mejorar nuestros trabajos. Esta, probablemente, es aún una asignatura pendiente de la Arqueología Virtual.

De cualquier modo, esto no es ningún debate cerrado y siempre estárá abierto a discusión: ¿puede ser capaz un arqueólogo que dedique a virtualización del patrimonio de realizar por sí mismo una reconstrucción en 3D? ¿cómo conseguir una verdadera colaboración entre profesionales en proyectos en los que el presupuesto es muy reducido o inexistente? ¿cuales son las vías más adecuadas para llevar a cabo esta colaboración?