2. Establecer un buen discurso. Este punto es crucial. Si nuestra animación va a acompañar otro tipo de materiales (textos, otros vídeos, entrevistas, imágenes, etc.) quizás es recomendable que no incluya más información que la visual. En cambio, si estamos haciendo un vídeo que vamos a difundir de forma individual por Internet o que va a ser visualizado en un Museo, por ejemplo, es fundamental que elaboremos un discurso lógico en el que la cámara se ajuste a las necesidades del espectador, que mezcle tipos de representación (2D, 3D), que incluya comentarios y que, en definitiva, lleve a cabo un discurso lógico que verdaderamente difunda patrimonio y no únicamente imágenes bonitas.
4. Hacer animaciones cortas. Sobre todo si va a ser Internet el principal canal de difusión, es recomendable no hacer vídeos que superen los 4-5 minutos de duración, si no se corre el peligro de que, pese a que a nosotros nos parezcan muy interesantes, la gente se canse y descarte el verlos enteros.
5. Controlar la velocidad de la cámara y el número de fps. Un fallo en el que solemos incurrir muy a menudo es el dar un movimiento excesivamente rápido a nuestra cámara a la hora de diseñar la animación que luego, descubrimos, da una impresión acelerada en el resultado final. Para ello hay que tener en cuenta que siempre es preferible una animación lenta que permita observar bien nuestra escena, con tranquilidad y elegancia, que no un vídeo atropellado. Además, es muy recomendable configurar el número de fps (fotogramas por segundo) al menos en 30 fps para que no de la impresión de que nuestra animación va a saltos.
6. Cuidado con el uso de personajes en nuestras escenas. En ocasiones nos lanzamos a meter figuras humanas o animales en nuestras escenas y a grabar animaciones con ellos pero esto puede ser un arma de doble filo: nos aporta la escala del conjunto pero, al contrario de lo que podamos pensar, nos resta realismo a nuestra escena si los personajes no están muy logrados. Por ello, si elegimos por meter personajes es recomendable que se muevan de forma más o menos fluida, aunque sea al fondo de nuestra escena. Si no, quizás es mejor eliminar los personajes. Creo que es un error incluir personas de «cartón piedra». Si somos conscientes de que no podemos hacer personajes muy realistas, es mejor que los hagamos lo menos llamativos que sea posible.
7. Optimizar la luz y establecer un buen sonido y música de ambiente. Es recomendable que elijamos una luz cálida y que genere sombras realistas a lo que estamos representando pero siempre siendo conscientes de las limitaciones de renderizado que esto puede tener. Debemos encontrar el punto medio entre un renderizado que se ajuste a los tiempos de nuestro proyecto y que, al mismo tiempo, tenga la calidad adecuada. Además, es muy importante el sonido que podamos tener (pájaros, ruidos, mar, etc.) y la música que elijamos para acompañar el vídeo. Esto le va a dar sin duda más realismo y personalidad.
8. Lograr el mejor acabado posible. Esto se puede conseguir con el software de diseño 3D que estemos utilizando gracias a un buen manejo de todas las herramientas que éste nos proporciona pero, generalmente, va a ser con algún software de postproceso de vídeo y efectos especiales, como After Effects, con lo que logremos introducir aquellos pequeños detalles que aportan un realismo superior, acercando en ocasiones las animaciones arqueológicas a producciones de tipo cinematográfico.
Se puede pensar en muchos otros consejos a la hora de llevar a cabo una animación 3D que ponga en valor y explique el patrimonio arqueológico. Blender es sin duda una herramienta muy versátil para llevar a cabo animaciones arqueológicas de este tipo y así se lo intentaremos enseñar a nuestros alumnos.