30.04.2014

La Pompeya de los tontos

#arqueología #reflexión #sensacionalismo
Hay ciertas cosas que ocurren con frecuencia en Arqueología y una de ellas es el hallazgo de la Tumba de Alejandro Magno. Esta sí. La de verdad. En tiempos recientes ha ocurrido, por ejemplo, en En la televisión española quiero creer que no nos estamos dejando llevar por ese extremo sensacionalista pero, en ocasiones, la realidad te da de bruces en la cara. Sí. Tenemos que nombrar a Cuarto Milenio. Hay que reconocer que en las últimas temporadas -quizás por la asociación cada vez más estrecha con Nacho Ares- el programa está incluyendo reportajes de arqueología que de verdad contribuyen a una divulgación de cierta calidad y a la reivindicación de la arqueología como ciencia. Baste recordar, por ejemplo, este pequeño espacio dedicado a las Momias de Quinto de Ebro. Sin embargo, siguen quedando todavía muchas trazas de la arqueología fantástica que sólo consiguen distorsionar más el trabajo científico, como hemos visto este fin de semana con el desafortunado reportaje dedicado a una estela prerromana del Casar de Cáceres y titulado «El mensaje del extraterrestre». En él un supuesto «epigrafista prestigioso» nos mostraba en directo una serie de asociaciones mentales completamente erróneas que le llevan a determinar que un grabado en una estela representa a un extraterrestre.

¿Por qué el equipo de Iker no se ha molestado en contrastar esa información preguntando a catedráticos de filología y arqueología?  No lo sabemos muy bien. Quizás por miedo a que les desmonten esta fantástica teoría y por su comprensible añoranza a todo lo que suene a OVNI. Que está muy bien, no me meto con ello, sólo pido que se investigue con rigor.

¿Deben las cámaras y las ávidas plumas de los periodistas desaparecer del mundo de la arqueología y el patrimonio? De ninguna forma. Es más, creo que se debería potenciar la entrada de los medios de comunicación a las entrañas de nuestro trabajo y quizás así se comenzara a mostrar una arqueología más real, no exenta por ello de misterios y atractivo. Mientras no nos demos cuenta de que el rechazo del sensacionalismo se potencia, precisamente, desde la transparencia total de nuestro trabajo, seguiremos creando, si queréis, otra nueva pompeya, la «Pompeya de los tontos» donde, siguiendo el mito, la gente ha quedado paralizada en el tiempo, estupefacta y fascinada, ante las maravillas inventadas de una arqueología que no existe.