Hoy comienza un viaje virtual que nos llevará a un enclave mágico. Os presento una de las reconstrucciones 3D que más ganas tenía de abordar. ¿Me acompañáis a los márgenes del estrecho de los Dardanelos a visitar la puerta más famosa de la Troya homérica?

Hace unos meses cruzamos el Mediterráneo para visitar la colina de Hisarlik -en turco «lugar de la fortaleza»-, siguiendo los pasos de Homero y, también, del mítico proto-arqueólogo Heinrich Schliemann. Allí todavía se conservan los restos de la famosa trinchera que abrió el arqueólogo alemán en busca de la mítica troya homérica, quebrando los restos de varios de los niveles de Troya y confundiendo cronologías y estratos. Eran otros tiempos. Hoy, el yacimiento es referencia como centro de investigación y por su cuidada musealización.





A lo largo de muchas campañas, arqueólogos de renombre estudiaron uno de los yacimientos más complejos que existen. Frank Calvert -quien, en realidad, comenzó a excavar Troya-, Schliemann, Dörpfled, Blegen, Korfmann. Ellos conformaron la Troya arqueológica que conocemos hoy. ¿Solo ellos? No, multitud de hombres sin nombre y, sí, también mujeres. Algunas como Marion Rawson, que veis en la foto, fueron tremendamente importantes para desarrollar la catalogación cerámica del yacimiento o su sistema estratigráfico. Es fundamental reivindicarlas.

En las excavaciones llevadas a cabo por Wilhelm Dörpfled a principios del siglo XX se llevó a cabo un hallazgo sorprendente: las inmensas murallas de Troya VI y, en concreto, la puerta meridional del asentamiento, con una fabulosa torre adosada a ella. Ante ella, varias estelas de piedra apuntaban a un uso no solo defensivo sino también de tipo ceremonial. ¿Quizás representaciones de los dioses? Podía ser. Gracias al estudio de la estratigrafía y los restos hallados se determinó que esta muralla delimitaba la Troya homérica y que un fuerte asedio militar acabó con la ciudad en torno al 1200 a.C.




En la ilustración reconstructiva de Lloyd K. Townsend (abajo a la izquierda), una de las más antiguas que conservamos de la ciudad, podéis ver, en la reconstrucción de mayor tamaño, la gran torre con la puerta meridional a su derecha. Se recreó el asentamiento «a la micénica», imitando estos enclaves del Egeo. Así aparece también en la fantástica ilustración de Peter Connolly (a la derecha). Y, sin embargo, para ser la gran Troya de la que nos hablaba Homero, este asentamiento resultaba tremendamente pequeño.


No fue hasta las excavaciones de Manfred Korfmann, en los años 80, cuando cambió totalmente la visión del yacimiento. Este arqueólogo exploró por primera vez la ciudad baja, encontrando un amplio espacio urbanizado al sur de la ciudad que hacía crecer exponencialmente el enclave. Además, al contrario que los helenistas que le precedieron, Korfmann fue un arqueólogo orientalista que miró no solo al Egeo sino también a otra cultura: la Hitita, a cuya esfera de influencia perteneció sin duda Troya/Wilussa. Así pues, y siguiendo su certero criterio, las ilustraciones reconstructivas más recientes siguen hipótesis más acertadas, tomando referencias y paralelos no solo del Egeo -al que sin duda Troya pertenecía- sino también del ámbito Hitita e, incluso, más allá.




Connolly, aunque no llegó a incorporar la ciudad baja, recreó una puerta meridional de Troya con una estética más cercana al mundo hitita (abajo a la izquierda). Y su ejemplo ha sido seguido por fantásticas ilustraciones como ésta, de Donato Spedaliere (en el centro), que va más allá y nos muestra también cómo serían las viviendas (incluyendo, como véis, la ciudad baja). O esta otra (a la derecha), impulsada por el propio equipo del yacimiento de Troya y llevada a cabo por Christoph Haußner.



Desde entonces, Troya es representada con una acrópolis palaciega rodeada de una gran ciudad baja, tal y como se puede observar en esta ilustración de Jorge M. Corada, realizada para la revista Antigua y Medieval de Desperta Ferro.

Sin embargo, hasta ahora no se había llevado a cabo ninguna reconstrucción virtual en 3D de la puerta meridional de Troya que resultara convincente. Y esa es la tarea que decidimos llevar a cabo. En primer lugar, comenzamos analizando toda la documentación histórico-arqueológica y planteando el uso de Extended Matrix, un sistema que nos permite registrar cada elemento reconstruido y asociárselo a unas fuentes determinadas, cimentando una reconstrucción científica.

Para asegurar la rigurosidad geométrica del trabajo, contamos con la colaboración del equipo de investigación 4D Research Lab, de la University of Amsterdam, que, con permiso del Ministerio de Cultura de Turquía, nos facilitó el modelo 3D fotogramétrico del yacimiento. De este modo, pudimos comenzar a desarrollar la reconstrucción virtual que aquí os presentamos y que refleja, según los últimos hallazgos e hipótesis, cómo pudo ser la puerta meridional de Troya VI.

Nos encontramos quizás a comienzos del s. XII a.C., una época turbulenta, de cambios en el clima, conflictos militares y desplazamientos masivos de población. Desde uno de los tejados de las viviendas de la ciudad baja podría verse así, quizás, la puerta sur de Troya.

Se trataría de una estructura imponente -la torre podría haber alcanzado los 16 metros de altura-, adosada a una muralla de aproximadamente unos 10 metros de altura en total. Sobresaldría, con seguridad, entre el laberinto de casas bajas del exterior de la acrópolis.

La arqueología nos dice que Troya, en estos momentos, estaba siendo reconstruida después de haber sufrido un gran terremoto que dañó parte de las murallas. Hemos querido representarlo mostrando una zona con obras de reparación.

Además, tras el terremoto, la zona debió volverse más peligrosa y la muralla se reforzó -de hecho, probablemente es ahora cuando se construye la gran torre adosada a esta puerta- y numerosas casas y chavolas ocuparon los más variados espacios al amparo de las defensas troyanas. En este sentido, hemos querido representar también las diferencias sociales en cuanto a la apariencia de los edificios: más pobres en general al exterior de la muralla, y más ricos y decorados en la acrópolis. Al acercarnos a la puerta sur debía sorprender no solo la inmensa torre sino también las seis estelas que, probablemente, representaran divinidades troyanas protectoras de las que hemos perdido gran parte de su rastro.


Y os invitamos, incluso, a «mirar» dentro de esta gran torre gracias a una sección arquitectónica. El edificio estaría formado por una parte baja de piedra, más gruesa, y una superestructura de madera y barro dividida en varios pisos que permitía asegurar una buena defensa.

Troya es un yacimiento espectacular -y más ahora con su nuevo museo- que merece la pena visitar y que en los últimos años está recibiendo un espectacular impulso en cuanto a su investigación y puesta en valor de la mano de Rüstem Aslan.
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